La Soberanía de Dios y La Victoria del Cordero

By July 11, 2016Blog

La Soberanía de Dios y La Victoria del Cordero
Hebreos 10:10-14
Introducción y Repaso

La meta de esta porción es mostrar la excelencia gloriosa del sacrificio de Cristo y lo que ha logrado para Su pueblo, aunado al hecho inevitable de hacer a un lado todas la ofrendas que se hacían hasta ese momento. Este gran cambio en la adoración externa de los creyentes no fue una conveniencia en vista de las fallas del pueblo de Israel, sino fue ordenada por los consejos divinos antes de la fundación del mundo, registrada en el Libro de los decretos de Dios, y a su debido tiempo, transcrita en las páginas de la Escritura en el Salmo 40, habiendo sido anunciado el cambio que iba a ser traído por la venida del Hijo de Dios.
Como lo vimos la vez anterior, este Salmo 40 nos permite conocer lo que pasó entre el Padre y el Hijo, y el pacto entre Ellos. Aquí vemos la disposición del Hijo para ejecutar la voluntad del Padre: ‘El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado’ (Salmo 40:8). Él amaba tanto la gloria del Padre, que lleno de un celo santo, estaba deseoso de cumplir los consejos de Su Padre y de magnificar Su ley; de hecho Jesús dijo: ‘mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe la obra.” (Juan 4:34).
Jesús también sabía que la sangre de los toros y machos cabríos no podía reparar el daño que trajo el pecado; entonces el Hijo consintió en cumplir los preceptos de la ley (Mateo 5:17). Así como la condena de la ley era la muerte para el transgresor, Él estuvo de acuerdo en ‘hacerse maldición.” Gálatas 3:13
v.10 “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”

“esa voluntad” de Dios a la que se hace referencia a lo largo Hebreos 10 es eterna y llena de gracia; Su voluntad es el propósito por el cual Dios determinó en Sí mismo recuperar a Sus elegidos de la humanidad perdida, para quitar sus pecados, santificarlos, y traerlos cerca para el gozo eterno de Sí mismo.
Fue Su propia voluntad, no provocada por ninguna otra razón, por la cual Dios se propuso salvarnos. Dios no es un tirano, ni actúa caprichosamente, Su voluntad es sabia y santa, Efesios 1:9 “y nos ha hecho conocer el designio secreto de su voluntad. que Él en su bondad se había propuesto realizar en Cristo este designio.”
Fue por Su voluntad que determinó que Su pueblo fuera salvo de manera que se eliminan todos motivos de jactancia y para la gloria sólo de Dios mismo. El fin de Dios y el objetivo al mandar a Cristo a morir fue para exaltar la gloria de Su gracia, que consiste en tener el derecho que Él tiene de salvar a los pecadores y este derecho no lo puede tener nadie más ya que Él es Dios solamente, y no hay otro fuera de Él, por lo que sólo por Su Hijo nos salva. (Hechos 4:12).
El origen de nuestra salvación se encuentra en la voluntad soberana de Dios; en la satisfacción hecha por medio de Su Hijo encarnado. Esa voluntad también es que Su pueblo sea “santificado” para Él,
es decir, apartados para Él. Y esa santificación se iba a llevar a cabo por “la ofrenda” de Cristo, que se inició en el primer momento de Su nacimiento y terminó cuando en la cruz exclamó: “Consumado es.” Esto fue “una vez para siempre.” La santificación es nuestra condición delante de Dios por Cristo pero también será nuestra experiencia por el poder de Su gracia y Su Espíritu Santo.
Es muy apropiado hablar de la soberanía de Dios porque Dios, siendo Dios, tiene el derecho de hacer lo que bien le parece y todo lo que le parece esta bien.
Vivimos en una era en la que el hombre se siente soberano y se siente con derecho de poner las reglas y redefinir todo a su antojo. El tema de la soberanía de Dios ofende la arrogancia del hombre porque siente que él es el único que tiene derecho de definir lo que es bueno o malo, lo cual es una necedad, sabiendo que el ser humano es solo un ser creado y finito, y no el creador ni la fuente de la verdad.
v.11 “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados
Si las ofrendas ordenadas por Dios mismo en Levítico, no fueron capaces de cumplir bien todos los requisitos de Dios o la necesidad más profunda de los pecadores, ¿cuánto menos pueden los artificios del hombre hacerlo? ¿Cuán vanas son las invenciones romanas de la absolución, indulgencias, penitencias, purgatorio, y cosas similares e igualmente vanas son las austeridades de algunos creyentes diseñadas para hacer la paz con Dios. La salvación del Señor no viene a través de ninguna de esas cosas.
“No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia nos salvó, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 3:5-6)
v.12 “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios;”
“pero Cristo…”

Lo que se dice aquí es una comparación entre Cristo y Aarón y sus sucesores. Ambos eran sacerdotes; ambos ofrecieron sacrificio por el pecado; pero el contraste es grande:
Cristo ofreció un solo sacrificio; los sacerdotes del sistema levítico ofrecieron numerosos sacrificios.
Ellos ofrecían sacrificios continuamente; el sacrificio de Cristo fue uno y para siempre.
Las ofrendas de los sacerdotes fueron ineficaces; la de Cristo, realmente ha eliminado los pecados.
Los sacerdotes de Aarón estaban de pie; Jesús se ha sentado a la diestra de Dios.
El sumo sacerdote típico entraba en el lugar santísimo sólo una vez al año; Cristo ha ascendido “para siempre.” Él no ha dejado de ser un sacerdote, ni ha dejado ejercer ese cargo; Él es ahora mismo “el sacerdote en Su trono” (Hebreos 8:1).
La posición que Jesús ocupa en este momento da testimonio de la excelencia de Su obra suprema y confirma que el Padre aceptó Su sacrificio. El lugar glorioso que se le ha concedido a nuestro Salvador comprueba de manera concluyente el valor de Su obra redentora.
habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados.
Mientras Jesucristo nuestro Salvador este en la corte de su Padre, existe una verdadera paz entre Su pueblo y Su Padre y eso nos da una seguridad eterna.
se ha sentado a la diestra de Dios… Cuatro veces en esta carta se hace referencia a que Cristo se sienta en las alturas, y no es una simple repetición. En cada ocasión, la referencia se encuentra conectada con una línea de pensamiento diferente:
1. En primer lugar, en Hebreos 1:3 “el cual siendo el resplandor de Su gloria y la imagen misma de Su sustancia habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados se sentó a la diestra del trono de la majestad en las alturas.” Él esta sentado en el asiento de Su gloria personal, y aquí se presenta el contexto de quien ha sido Jesús aun antes de Su encarnación.
2. En segundo lugar, en Hebreos 8:1 ”ahora bien el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal Sumo Sacerdote el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en las alturas.” Jesús esta sentado en Su calidad de Sumo Sacerdote y es superior a todas las otras personas que cumplían con el oficio sacerdotal.
3. En tercer lugar, aquí en Hebreos 10:12 “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.” Jesús se ha sentado como un testimonio de que el Padre aceptó Su sacrificio habiendo satisfecho la justicia de Dios.
4. En cuarto lugar, en Hebreos 12:2 “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Jesús esta sentado en el asiento del vencedor, el premio que el Padre le da por haber ejecutado con éxito Su carrera.
Aquel nacido en el pesebre de Belén, que no tenía dónde reclinar su cabeza, que murió en la cruz, y cuyo cuerpo fue colocado en una tumba prestada, ahora está en el cielo. Se le ha dado un lugar más alto que el de un arcángel, que ha sido exaltado por encima de todas las cosas creadas. ¡Hay un hombre glorificado a la diestra de Dios! ¡Cristo es el único entre todos las huestes celestiales que merece estar sobre todo! Apocalipsis 5:3-6 “Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro…. 5 Y uno de los ancianos me dijo:… He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. 6 Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado…”
Cristo ha entrado en el cielo por Su pueblo. Ha ido allí en Su carácter oficial, como nuestro representante; para aparecer ante Dios “por nosotros” (Hebreos 9:24). Él está allí como nuestro gran Sumo Sacerdote, que lleva nuestros nombres en el pectoral para interceder por nosotros (Hebreos 7:25). Esas palabras son maravillosas y preciosas: “dónde Jesús entro por nosotros como precursor.” (Hebreos 6:20). Ahí se sienta el poderoso vencedor “coronado de gloria y honor” (Hebreos 2:9). Él ocupa el trono del dominio universal, de todo gran poder, de la gracia soberana e ilimitada. Él está haciendo que toda gracia sea posible y que todas las cosas cooperan para el bien de los Suyos. Jesús continuará con el cetro del Rey hasta que todos Sus redimidos están con Él en gloria.
En los v.10, 12 y 14 dicen “una vez” y muestran que no existe ninguna necesitad en absoluto de que el sacrificio de Cristo sea repetido; ahora Él ha tomado Su lugar en el trono del cielo, hasta que Sus enemigos sean completamente subyugados…
v.13 “de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;”
En este versículo tenemos la séptima y última referencia del Nuevo Testamento del Salmo 110:1 “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” Aquí se hace alusión a la promesa del Padre al Hijo con el propósito de darle una confirmación adicional de lo que había sido declarado.
El Salvador sufriente ha sido investido de un poder ilimitado y dominio, y no queda nada mas que hacer, sino el cumplimiento de todos aquellos logros para los que fue planeado Su sacrificio en la cruz: La salvación de sus elegidos y el subyugar a todos los príncipes rebeldes contra Dios Hechos 17:31 “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó.”
El Redentor habiendo terminado Su gran obra, ahora espera con calma el cumplimiento de la promesa del Padre 1 Corintios 15:25-27 “Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. 27 Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies…” Si Él es capaz de esperar el tiempo que el Padre ha determinado mucho mas nosotros debemos aprender a esperar pacientemente el cumplimento de Sus planes en nuestras vidas.
Cristo todavía va a desplegar Su gran poder y va derribar todos los rebeldes orgullosos contra Él. Todavía va a decir: “los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos… Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado…” (Isaías 63:3-4): Lo mismo dice el Nuevo Testamento Apocalipsis 6:16 “y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero.” Los hombres van experimentar lo terrible de la ira del Cordero
C.H. Spurgeon dijo: ‘La “ira del Cordero” es tanto una perfección como lo es el “amor de Cristo.” Al derrocar a los adversarios de Dios, Su gloria brilla tan cierto como cuando conduce a los redimidos a la Casa del Padre. Él es igualmente adorado cuando contemplamos Su vestidura manchada con la sangre de sus enemigos, como cuando vemos Su vida apagándose por Su costado traspasado por nosotros. Cada una es parte de la obra asignada por el Padre. Aunque en nuestro estado actual tendemos a encogernos de horror [al oír acerca del ira del Cordero], mientras contemplamos lo que dice a los que lo han despreciado y rechazado: “Apartaos de mí, malditos,” en ese día hay que alabarle por ello. “¡Oh, qué triunfo será, cuando los hombres perversos, perseguidores, y los que se opusieron a Cristo, serán echados en el lago que arde.’ (Mateo 25:41) Jesus habló de Su venganza en Lucas 19:27 “Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí.”
El Dr. D. A. Carson quien es el editor de la Biblia Zondervan de estudio, dice acerca de la ira de Dios: ‘La Biblia habla de la ira de Dios mas de 600 veces, esto no quiere decir que Dios está de mal humor o que pierde la paciencia o algo por el estilo. Su ira no es una parte intrínseca de Su carácter de la forma en que Su amor sí lo es. Su ira es la manifestación exterior de Su santidad cuando enfrenta el pecado. Si Dios no expresara ira, condenación o juicio sobre el pecado, no por eso sería más bondadoso. Mas bien sería moralmente indiferente. Esto no lo habría vuelto moralmente mas atractivo. Más bien se convertiría en irrelevante para cuestiones de la verdad, la integridad y la moral, tanto en esta vida como en la venidera.’
PREGUNTAS PARA REFLEXIÓN
¿Qué entiendes que es la soberanía de Dios y cómo te hace sentir el saber que Él es soberano?
¿Qué implica para ti el que Jesús este sentado a la diestra de Dios?
Según lo que dice la Biblia en el Antiguo y el Nuevo Testamento ¿Qué es lo que va a hacer Cristo con sus enemigos cuando regrese? ¿Piensas que esto también es muestra de Su respuesta al pecado y Su autoridad?

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