El Nuevo Pacto y Nuestra Santificación

By August 24, 2016Blog

El Nuevo Pacto y Nuestra Santificación
Hebreos 10:14-17

“Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados 15 Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: 16 Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, 17 añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. 18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.”
v.14 “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” La ofrenda de Cristo fue de tal valor infinito que logró quitar perfectamente el pecado; tanto la culpa como la suciedad, y el poder mismo del pecado. La ofrenda de Su sacrificio en la cruz fue el precio suficiente para que los creyentes podamos recibir toda la gracia que necesitamos para nuestra santificación perfecta.
¿Qué evidencia clara y concluyente poseo de que estoy entre los “santificados”? Los santificados son aquellos en los cuales Dios puso Sus leyes en sus corazones. Y aquellos que han sido perfeccionados para siempre son aquellos cuyos pecados Dios ya no recuerda.
v.15 “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo…”
Por estas palabras se sugieren tres preguntas:
1. ¿Qué es lo que atestigua el Espíritu Santo? Que la satisfacción que hizo Jesús asegura la perfección eterna de todos los que han sido santificados. Esto fue el cumplimiento de la “voluntad“ divina, la realización de lo que se había estipulado en el pacto eterno. El Espíritu Santo estaba presente cuando se hizo este acuerdo maravilloso entre el Padre y el Hijo, y lo dio a conocer por medio de las promesas gloriosas que escribió Jeremías.
2. ¿Qué es lo mismo que alguien testificó y que ahora el Espíritu Santo esta también atestiguando? Es lo que el Padre le había prometido al Hijo, que iba a hacer con el pueblo de Su pacto, esta obra de santificación en los corazones y las mentes de aquellos por los cuales Cristo murió.
3. ¿Cómo es que el Espíritu Santo nos lo testifica? En primer lugar a través de la Biblia;específicamente por la promesa que le dio al profeta Jeremías 31:31-34. El Espíritu Santo, quien es el Espíritu de verdad es el autor de las Escrituras (1 Pedro 1:21) y al leerlas debemos reconocer Su voz y autoridad. Cuando dice “nos atestigua’ debemos saber que esta promesa es para nosotros, no sólo para el tiempo del profeta. Toda la Palabra de Dios, desde el principio hasta el fin, fue escrita para el bien de Su pueblo hasta el fin del mundo. En segundo lugar el Espíritu Santo nos testifica a través de la obra poderosa de Su gracia en nuestros corazones.Toda gracia implantada por el Espíritu en el alma del cristiano fue comprada por la obediencia y la sangre de Cristo.
v.15b “porque después de haber dicho…” ¿que fue lo que dijo antes? ‘Este es el pacto que haré con ellos’ y ¿qué fue lo que dijo después? ‘pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré…’ Esta misericordia de Dios de poner Sus leyes en nuestros corazones y perdonar nuestros pecados, es el cumplimiento de las promesas del Pacto de Dios al Mediador del mismo, es decir, Cristo.
El pacto eterno que el Padre hizo con Su Hijo es la base de todo el bien que le hace a Su pueblo. A veces no consideramos el pacto como deberíamos, por ejemplo en Éxodo 6:5 Dios dijo: “Asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes hacen servir los egipcios, y me he acordado de mi pacto.” Su pacto fue por lo que Dios sacó a Israel de Egipto.
En Ezequiel 16:60 Dios también dijo: “Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo un pacto sempiterno.” En Lucas 1:72 Zacarías menciona que el nacimiento de Juan fue por causa el pacto “Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordarse de su santo pacto…, Que nos había de conceder 74 Que, librados de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos.”
v.16 “Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor.” Se refiere al “nuevo pacto” de Jeremías 31:31, se llamó ‘nuevo’ no porque fuera recién hecho porque originalmente fue hecho con los elegidos en Cristo desde la eternidad, ni porque fue revelado nuevamente, porque ya había sido dado a conocer en parte a los santos del Antiguo Testamento. Es llamado ‘nuevo’ por el ‘nuevo corazón’ ‘nuevo espíritu’ y ‘nuevo canto’ que provee, por las nuevas ordenanzas (el bautismo y la Santa Cena) las cuales han desplazado las antiguas (la circuncisión y la Pascua). Es nuevo porque su eficiencia es perpetua; nunca será anticuado ni dará lugar a otro pacto.
v.16b “Pondré mis leyes en sus corazones,Y en sus mentes las escribiré;” ¿quiénes son los favorecidos en los cuales Dios obra esto? Los escogidos Efesios 1:4 “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.” Las personas pueden adquirir un conocimiento teológico de las leyes de Dios a través de la instrucción religiosa, pero sólo Sus escogidos tienen un conocimiento vital de Él.
Esta naturaleza de amar la ley y la voluntad de Dios es la misma naturaleza de Cristo como vimos en el Salmo 40:8
“El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón.”
Debido a nuestra naturaleza caída tendemos a rebelarnos contra la ley de Dios pero en la regeneración y santificación por el Espíritu Santo la imagen de Dios que Adán perdió es estampada de nuevo en nosotros Colosenses 3:10 “y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno.” Ahora la mente es regulada por la autoridad de Dios y se deleita y sirve a la ley de Dios (Romanos 7:22 y 25). No es solo una buena intención por ser una buena persona sino la operación milagrosa del Espíritu Santo que nos transforma.
Eso fue lo que Dios prometió desde el Antiguo Testamento y que se cumplió en Cristo Deuteronomio 30:6 ”Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.” Ezequiel 36:26 “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”
La ley de Dios sí tiene un poder, dice el Salmo 19:7 “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma.” Cuando el Espíritu Santo usa la ley nos trae convicción de nuestra rebelión contra Dios y no es hasta que dejamos nuestra rebelión que nuestra alma se abre para recibir el mensaje de paz que trae el Evangelio.
El Espíritu opera transmitiendo a los que ha regenerado un conocimiento eficaz de la autoridad y la excelencia de las leyes de Dios, dándonos una capacidad poderosa para darnos cuenta de como sus decretos nos sostienen y luego Él comunica un amor por esos estatutos, para que nuestros corazones estén inclinados a esos mandamientos de buena gana. Eso fue lo que vivió David Salmo 119:97 “Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.”
Hay una razón para que las cosas sean en el orden que indica la promesa de Jeremías 31:33-34 “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón… todos me conocerán… y nunca mas me acordaré de su pecado.” La mente es informada, y el corazón es reformado y es cuestión de conocer a Dios no solo seguir reglas; y por eso, el entendimiento debe ser iluminado antes de que los afectos se puedan extraer de Jesús –nadie realmente amará y servirá a un Dios que no conoce.
Pablo definió que la corrupción esta en la mente y en el corazón Efesios 4:17-18 dice: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.”
Por eso la obra de santificación de Dios o la renovación de nuestra naturaleza consisten en rectificar la mente y el corazón. Por lo tanto, la gracia del nuevo pacto es tan extensa para reparar nuestra “naturaleza” que produce lo que nos dice el Salmo 51:6 “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.”
A partir de estas cosas podemos discernir fácilmente la naturaleza de la gracia que esta en la primera parte de la promesa del pacto. Y esta es la gracia prometida y comunicada a nosotros por virtud de este pacto, ya que era necesario entender que:
1. La mente es el asiento principal de toda obediencia espiritual.
2. Los funciones apropiadas de la mente para discernir, conocer, juzgar, deben suceder primero antes de que afecte la voluntad y los afectos, para producir las acciones externas.
3. La depravación de la mente es tal por la ceguera, la oscuridad, la vanidad y la enemistad con Dios, que nada puede influenciar nuestras almas, o darle entrada a la regenerar nuestra naturaleza, sino la operación salvadora de la gracia que opera en la parte mas profunda del hombre, en su espíritu y su mente.
Es por eso que un conocimiento intelectual de la ley de Dios no es prueba de la regeneración, sino algo genuino que se adquiere con el corazón. Por eso las preguntas que necesitas hacerte para saber si has sido santificado son las siguientes:
– ¿Es realmente mi verdadero deseo y determinación ser regulado y controlado por la voluntad revelada de Dios?
– ¿Es el anhelo más profundo de mi corazón y lo principal en mi vida complacer y servir a Dios?
– ¿Es la gran carga de mis oración que Él obre en mí “tanto el querer como el hacer por Su buena voluntad“?
– ¿Es mi pesar mas grande ocasionado cuando fallo en ser santo en mis deseos, palabras y caminos? Entre mas amemos a Dios, más discerniremos la excelencia de Su ley.
v.17 “añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” Yo solo puedo estar seguro de que Dios me ha justificado, asegurándome de que tengo dentro de mí los frutos de que Él me esta santificando. Debo estudiar los efectos para descubrir la causa. Dios elige antes de llamar y regenerar, pero tengo que asegurarme de mi llamado con el objeto de obtener la evidencia de que fui escogido: Hay muchos que no dan señales de que la ley de Dios esta escrita en sus corazones, y sin embargo claman que sus pecados les han sido perdonados por Dios, pero están engañados. La Escritura no le da el derecho a nadie de considerarse divinamente perdonado; a menos que han sido librados de su auto-voluntad y su auto-complacencia.
Este perdón de Dios quiere decir que Él nunca mas se acordará nuestros pecados para juzgarlos. Una vez que la deuda ha sido pagada por Cristo, Dios no la demandaría dos veces. Romanos 8:1 “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Se nos ha imputado la perfecta ley de la justicia de Cristo y es lo que dice el siguiente versículo…
v.18 “Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.” Aquí el escritor llega a la conclusión irrefutable de lo que ha afirmado pero Antes de reflexionar sobre esta conclusion, vamos a dar un breve resumen de estos versículos.
– En primer lugar, el pacto eterno es el fundamento de todos los tratos de Dios con sus escogidos.
– En segundo lugar, ese pacto eterno entre el Padre y el mediador está siendo administrado bajo el “nuevo pacto.”
– En tercer lugar, el diseño de este pacto es que no solo nos llama a la santidad externa sino primero para ser santos en el corazón y después en la vida práctica.
– En cuarto lugar, esta santificación de los elegidos se efectúa mediante la gracia de Dios poniendo sus leyes en sus corazones y Su Escritura en sus mentes.
– Y en quinto lugar, esta santificación práctica es la continuación de esa obra de gracia de Dios que comienza en nosotros en la regeneración y nuestra glorificación es terminar esta misma obra, ya que entonces los últimos vestigios del pecado serán quitados de nosotros, y nosotros vamos a ser perfectamente conformes a la imagen de Su Hijo.
v.18b no hay más ofrenda por el pecado… Esto texto da la aplicación de la Escritura que ha citado de Jeremías. La conclusión es obvia: la ofrenda de Cristo ha asegurado que la gracia del pacto eterno será comunicada a todos aquellos por quienes Él murió, tanto en la santificación y la justificación de sus personas. Por lo tanto sus pecados han sido quitado de la presencia de Dios y ya no se necesita más sacrificio por el pecado.
PREGUNTAS DE REFLEXIÓN
¿Te deleitas en la ley de Dios o en tu voluntad?
¿Qué es lo que demuestra que has sido santificado?
¿Qué parte juegas tú en este proceso de ser santificado?

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